Cinco colombianos que viven de jugar videojuegos

Cinco colombianos que viven de jugar videojuegos

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Un joven de 16 años se embolsó tres millones de dólares el pasado domingo 28 de julio en el Mundial del videojuego Fortnite, que se celebró en Nueva York; ciudades como Madrid, Los Ángeles y Seúl son epicentros de competencias profesionales de otros títulos, que son seguidas por millones de jóvenes desde todos los rincones del mundo, y, actualmente, grandes marcas como MercedesBenz y Mastercard están invirtiendo en jugadores y equipos de todas las escenas del ‘gaming’ competitivo.

Para conocer todo sobre este ¿deporte? y la industria, dentro de dos semanas saldrá a la venta en las librerías del país ‘De jugadores a profesionales’, el primer libro sobre ‘e-sports’ en Colombia en el que se explora el funcionamiento de este sector a través de cinco historias de jugadores colombianos de diferentes video-juegos.

El libro, escrito por la periodista Ana María Velásquez y publicado por la editorial Intermedio Editores, se adentra en las vivencias personales de estos jugadores, los obstáculos que superaron y los triunfos que han obtenido. Este es el prólogo, escrito por David García, ‘country manager’ de la Liga de Videojuegos Profesional de Colombia (LVP):

“¡Apague ese aparato mijo!, no pierda más el tiempo con eso que no le aporta nada en la vida”. Esta es una frase que aún dicen los padres a una cantidad, cada vez mayor, de jóvenes en Colombia. Padres que, en su mayoría, no se detienen a comprender el cambio sociocultural en el que estamos inmersos. Contrario a lo que dictan, a diario se encienden más pantallas y, con ellas, los sueños en las mentes de una generación conocida como ‘nativos digitales’. Una generación que desde su concepción tiene el reto de liderar cambios culturales significativos, contra la corriente crecida que representan los siglos de evolución bajo conceptos arraigados en la sociedad. La primera generación con una apertura al conocimiento sin límites y sin barreras sociales o culturales, su principal herramienta de construcción. Yo formo parte de una generación intermedia. Una generación privilegiada porque pudimos vivir el proceso de cambio entre los principios tradicionales más conservadores y los nuevos principios de globalización, con las nuevas tecnologías y la conectividad cultural que ofrece internet.

Algunos se quedaron con el pasado, otros con lo nuevo. Yo, personalmente, me quedé con el punto medio porque creo firmemente que el secreto del liderazgo está en comprender al otro. Pero al vivir ese proceso de cambio, al frente del cañón, siento la principal responsabilidad de preparar el camino, siendo punto de conexión para aquellos que van a liderar en el futuro, un futuro con necesidades y aficiones distintas. Aquí es donde la importancia del deporte del siglo XXI juega un rol primordial. El deporte, como la música, es una extensión del ser humano que ha permitido unir nuestras pasiones sin limitación alguna. Si en algo podremos estar de acuerdo es en que, cuando nos invade la emoción y la adrenalina para explotar con euforia por algo que nos apasiona, olvidamos cualquier problema de nuestro día a día. Es por ello que estas dos prácticas llevadas a la industria del entretenimiento siempre van a tener un futuro prometedor porque son un punto de conexión basado en la pasión. Sin embargo, ahora, ha nacido un nuevo concepto que se suma al deporte y la música, que también comparte principios, pero que es totalmente nuevo. No es una subcategoría del deporte como lo conocemos; tiene sus procesos, prácticas, tendencias, perfiles y normativas propias. Nace a partir del ‘hobby’ que representan los videojuegos, pero trasciende a las emociones humanas, a las historias que hay detrás de nuestros jóvenes y al apasionante trabajo de nuevos profesionales, que han decidido dedicar sus vidas a contar esas historias, en un mundo que aún estamos descubriendo.
Un mundo que se ha construido con los principios disciplinarios del pasado, pero que está fundamentado en la innovación constante, un mundo unificado y globalizado, incluyente, un mundo que incluso para los que lo viven a diario es difícil de asimilar. Estoy hablando del nuevo mundo que representan los denominados deportes electrónicos o ‘e-sports’. Los ‘e-sports’ son una industria que crece a un ritmo sin precedentes. Lleva estructurándose menos de veinte años, y en países como España ya genera ingresos superiores a los de la música y el cine juntos, a pesar de las décadas de ventaja que llevan estos últimos. Ni hablar de deportes tradicionales como el fútbol, el baloncesto o el fútbol americano. A pesar de la brecha histórica, en Estados Unidos, los ‘e-sports’ ya lograron superar en audiencias a eventos como el Super Bowl o competiciones como la Liga Nacional de Baloncesto de Estados Unidos (NBA). Latinoamérica no es la excepción; desde la perspectiva ‘amateur’, no existe un país de nuestro continente en donde no haya al menos un jugador con el sueño de ser profesional. En Colombia somos privilegiados. A pesar de las limitaciones socioeconómicas y tecnológicas frente a países como España o, incluso, México, para citar algo más cercano, contamos con una liga profesional de League of Legends, el videojuego líder a nivel mundial en la industria de los deportes electrónicos. Nuestros jóvenes tienen la oportunidad de iniciar un camino profesional para llegar a competir en instancias internacionales, algo que le tomó cerca de cuarenta años al fútbol lograr desde su llegada. Solo siete de los veinte países que conforman Latinoamérica cuentan con una liga nacional de este videojuego que brinda dicha oportunidad; Colombia es uno de ellos. La Golden League, nuestro torneo nacional, es referencia en innovación dentro de las competencias regionales. Colombia es parte de un mapa en construcción y es parte cada vez más importante. Y no ha sido por arte de magia. Aún queda un camino muy largo por recorrer, pero el trabajo de muchos colombianos, que sin descanso han buscado destacar, empieza a dar frutos en el deporte del siglo XXI.

Este libro nos permitirá tener un primer panorama con algunas de esas historias, comprender el fenómeno de los deportes electrónicos, su crecimiento y las oportunidades que puede representar a nivel personal, social, cultural, profesional, comercial y de desarrollo para una Colombia cuya materia prima es el talento de nuestros jóvenes. ¿El reto más grande? Creer en lo nuestro.

Los ‘e-sports’ son una industria que crece a un ritmo sin precedentes (…) En países como España ya genera ingresos superiores a los de la música y el cine juntos

Sergio Silva, un joven oriundo de Neiva, Huila, conocido como Cotopaco, se convirtió en el primer colombiano en participar en el Mundial de League of Legends, uno de los eventos de e-sports más importantes hoy en día. Salió de su casa a los 18 años para irse a vivir a México en una gaming house (las casas donde permanecen y conviven los jugadores para prepararse para las competencias) y unirse a la escuadra de Infinity, uno de los equipos de e-sports más importantes de la región. A partir de ahí, hizo historia. Junto con su equipo, se coronó campeón de la Liga Movistar de Latinoamérica, organizada por Riot Games, el desarrollador del videojuego, y hoy es considerado uno de los jugadores más importantes de Colombia. Algunos lo llaman God-topaco (‘dios-topaco’), haciendo alusión a su sobresaliente nivel dentro del juego.

Juan Esteban ‘Sickly’ Valencia estuvo muy cerca de pertenecer a la Selección Colombia de fútbol y jugar con la generación de James Rodríguez. Sin embargo, la vida lo llevó por el camino de los videojuegos competitivos, específicamente, del título de disparos en primera persona Counter-Strike: Global Offensive (CS:GO). Desde los inicios del juego, armó sus propios equipos con personas de diferentes regiones y lideró la escena en el país, lo que llevó a que, con el tiempo, fuera elegido como el capitán de la Selección Colombia. Para competir con el equipo Miami Flamingos, en 2017, le otorgaron la visa profesional, P1, para Estados Unidos, que se les concede solo a artistas, deportistas y atletas reconocidos internacionalmente.

En 2011, Javier ‘Janoz’ Muñoz se convirtió en el segundo mejor jugador de Fifa en el mundo al coronarse subcampeón del Fifa Interactive World Cup, el mundial y la mayor competencia de este videojuego de fútbol. Alternó sus estudios en Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes con su participación en torneos en Colombia y en otras ciudades del mundo, en los que casi siempre lograba la victoria. Desde hace un par de años se dedica de lleno a su carrera de jugador profesional. Es el mejor en el país, en 2018 se convirtió en atleta Red Bull, al igual que otros deportistas como Mariana Pajón, y este año fue el segundo latinoamericano en clasificar al Mundial de Fifa, que se realiza en Londres.

Decidió cambiar su usuario para que no supieran que era mujer en el juego League of Legends, soportó críticas y algunas veces matoneo y en varias ocasiones le cerraron las puertas. Pero, a pesar de los retos, Elizabeth Moreno, cuyo ‘nickname’ es Beth, se convirtió en la primera mujer jugadora profesional de Colombia. Jugó en alrededor de siete equipos, algunas veces fue titular, otras suplente y participó en grupos tanto femeninos como mixtos. Su historia es la representación de los desafíos que enfrentan las mujeres en el sector de los videojuegos, pero también es una inspiración para aquellas que quieren ingresar a la escena competitiva.

Los papás de Duván Rodríguez no le creyeron cuando les dijo que iría a Brasil a competir en un torneo de un juego de celular en el que le pagarían todo y además le darían un premio en dinero por participar. Entonces era menor de edad y su papá lo acompañó al evento de clasificación del mundial del título de cartas para dispositivos móviles Clash Royale: el Crown Championship. Hoy, con 19 años, es uno de los mejores jugadores de la región y fue reclutado por el equipo europeo Cream Esports, en el que sobresale por su liderazgo. Pasa sus días entre Ciudad de México y Los Ángeles, donde entrena fuertemente con sus otros compañeros de diferentes países.

EL TIEMPO

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