Los Pinos se estrena como sala de conciertos con “Carmina Burana”

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La pregunta del otro lado de la línea telefónica era de incredulidad: “¿Dónde estás?”, porque la respuesta de la señora era de insistencia: “Ya te dije que estoy en Los Pinos”. Si el jueves pasado este mítico espacio se había convertido en una enorme sala de cine al aire libre, la tarde de ayer se transformó en una sala de conciertos donde podían entrar todos y sentarse en algunas de las 300 sillas que se dispusieron o en los 500 petates que se volvieron a sacar, ahora para escuchar Carmina Burana, de Carl Orff, bajo la interpretación de la Orquesta Escuela Carlos Chávez, dirigida por Eduardo García Barrios.

Desde mucho antes de las 16 horas, que marcaba el inicio del concierto, cientos de personas ya estaban listas en lo que antes funcionaba como el helipuerto del recinto presidencial y ahora es el de las presentaciones artísticas y culturales: “Hace dos semanas estábamos allá afuera”, decía el director de Fomento Musical de la Secretaría de Cultura, Eduardo García Barrios, “y ahora estamos aquí adentro”, lo que le ganó aplausos y vítores de los presentes.

Hubo quienes planearon a detalle su domingo familiar. Los aficionados al futbol —anoche fue la final de la Liga Mx— tenían muy bien calculado su tiempo para salir del concierto y llegar a casa a disfrutar del juego y, para ello, estaban acompañados de los hijos y la esposa.

Otros más llegaron atraídos por la curiosidad, les decían que habría un concierto y llegaron por su petate para quedarse hasta la última nota en todas posiciones: sentados, acostados, en cuclillas… la mayoría en el silencio que se podía encontrar en un espacio al aire libre, porque no dejaron de recorrer el jardín, ni cuando ya faltaban unos minutos para que concluyera el concierto.

Bueno, hasta los músicos de la Escuela Orquesta Carlos Chávez y los diferentes coros —del Sistema Nacional de Fomento Musical, Infantil de la República, Infantil de la Superior de Música, de la Orquesta de la Ciudad de México y de la UAM Iztapalapa— disfrutaron de otra manera la presentación, tuvieron un contacto más estrecho con el público y hasta una ola organizaron antes de comenzar; en esta ocasión los espectadores no tenían la prohibición de tomar fotografías y sacar video. Muchos se llevaron de recuerdo su selfie, pero también para su memoria los sonidos de una obra clásica dentro del repertorio de música de concierto.

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