Videojuegos con sello placentino

Videojuegos con sello placentino

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Los videojuegos no son solo cosa de hombres. Las mujeres también juegan y una de ellas, una placentina, ha hecho del videojuego una profesión que le ha permitido viajar por diferentes países del mundo, e incluso codearse con personalidades como el creador de Facebook, Mark Zuckerberg.

María Sayáns nació en Plasencia, en el seno de una familia de prestigiosos médicos. Era su destino, pero su tío, también médico, le dijo «tú estás loca, haz algo más rápido», una carrera en la que no tuviera que estar estudiando hasta los 30, y se decidió por empresariales.

Según explica María, un punto de inflexión fue cuando, a los 16 años, su padre la envió a estudiar a Canadá con un intercambio. «Hay que salir de casa y abrirse horizontes. Lo que somos capaces de imaginar, lo podemos hacer». Con esta experiencia y sus «ganas de conocer mundo y aprender cosas nuevas», recaló en Madrid, en ICADE y salió con una oferta de trabajo en la empresa americana Mackinsey, la firma de consultoría más prestigiosa del mundo, que solo contrata a las personas más brillantes, según se puede consultar en internet.

Primero trabajó en Buenos Aires durante dos años y después, le dieron la oportunidad de pagarle un máster en Stanford, California. Había presentado la solicitud para las universidades de Stanford y Harvard y «me cogieron en las dos y pude elegir», recuerda. Pero fue tras una negativa anterior en otra universidad. De esta experiencia sacó otra lección: «No hay que tener miedo a fracasar, porque vas a fracasar y te van a decir que no, pero no pasa nada».

En Silicon Valley pudo acercarse a una de sus aficiones, la tecnología. «Internet estaba explotando, Google lo acababan de crear, Yahoo…, fue muy interesante ver el mundo y el futuro».

cambio de vida / Regresó a Madrid, trabajó una temporada en Londres y, tras cumplir los 30, decidió parar y decidir qué hacer con su vida. «Hasta entonces me había guiado por el deseo de ir a más, de trabajar en lo más prestigioso, en sitios de garantía, pero pensé en qué quería hacer el resto de mi vida».

Gracias a un libro de autoayuda muy utilizado por los jóvenes en EEUU, decidió que quería trabajar en un sector que uniera la tecnología, el entretenimiento y la energía, el dinamismo y la curiosidad de los jóvenes. «Y la luz se me encendió: videojuegos».

Afirma que, hasta ese momento, «había jugado, pero no era una fanática». Pensó a quién podría conocer en el sector y a base de tomarse cafés con distintos jefes, logró un trabajo para desarrollar juegos online en Europa, en Electronics Arts, una de las empresas de videojuegos más grandes del mundo.

Gracias a su trabajo, María Sayáns, casada y con dos hijos, ha vivido en Ginebra, en Estocolmo y en Londres; ha podido adentrarse en los «mundos virtuales y la realidad virtual» y colaborar con Google, Facebook y Sony. Siempre ha «presumido de ser extremeña y he podido contar una historia más, aportar algo que la gente no conoce».

«Aunque señala que el de los videojuegos «no es un sector particularmente machista», sí reconoce: «siempre he tenido que probar que juego a videojuegos, que conozco el producto». Tanto que se ha encargado siempre de la parte comercial, de qué tipo de juego se debe hacer. «Soy la voz del consumidor, del usuario».

Con toda esa experiencia, asegura que el sector «va a ir a más porque por naturaleza el ser humano quiere jugar» y señala que ya se ha producido un cambio en el mercado, que tiende a la fusión de móviles, tabletas, PC y consolas. También considera que el futuro apunta a los juegos narrativos y a una narrativa interactiva.

Frente a sus detractores, no cree que el juego contribuya al aislamiento y la soledad, que «existen online o no. Hay gente con vidas muy solitarias y solo tienen relaciones online y están hablando durante años y confiando en personas». Además, apunta que «cada vez hay menos separación entre la vida real y online, que tambén es real, y creo que va a ir a más». En este sentido, sí ve como un problema la adicción al móvil. «Tenemos que aprender a gestionarlo y darnos unas pautas de comportamiento».

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